Días negros.
mi ansiedad abre los ojos antes que yo,
y ya ha pensado todo
lo peor.
La noche no me quiere.
me deja girando
como una pregunta sin respuesta,
como un cuerpo que no encuentra
dónde caer.
¿puedo perderlo todo?
lo que fui armando en silencio,
lo que defendí
aunque nadie mirara.
Hay manos sin rostro
que cuentan,
que pesan,
que nombran.
Para ellas
soy cifra,
soy deuda,
soy algo que se cobra.
Y yo
apenas alguien
que quiso vivir.
No es justo.
lo digo bajo,
como si la justicia
pudiera oírme.
No quiero años así:
una vida medida en cuotas,
una condena sin crimen,
una jaula hecha de números.
Mi alma —
que no entiende de contratos—
golpea las paredes
pidiendo aire.
Pienso en la cordillera.
en el blanco abierto,
en el viento
que no pide permiso.
¿y si ya no vuelvo?
¿y si la libertad
era eso
y no lo supe cuidar?
Estoy asustado.
Hay un tiempo que viene
y no sé si sabré
habitarlo.
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