Silvana,
pureza de alma,
corazón nacido para salvar lo frágil.
Si alguien me enseñó
que aún existe ternura en este mundo,
has sido tú.
Las criaturas llegaban temblando,
con el miedo adherido al cuerpo,
como si hubieran aprendido
que la vida era solo abandono.
Pero entonces tus brazos...
Y esos ojos pequeños, heridos,
se clavaban en los tuyos
descubriendo algo imposible:
que aún podían confiar.
Ya no eran los mismos seres.
Tu amor los había tocado.
Qué cuadro más bello eras tú,
sosteniendo contra tu pecho
a una vida diminuta
que volvía lentamente
a creer en el mundo.
Silvana,
de hermosas manos pequeñas y frágiles,
cubiertas de diminutos rasguños
que parecían heridas hechas por el amor mismo.
De corazón puro,
tu presencia iluminaba incluso las habitaciones tristes.
Cuántas pequeñas almas
siguen respirando gracias a ti.
Cuántas llevan dentro
un trozo de tu alma,
una parte silenciosa de tu bondad.
Y yo mirándote,
incapaz de defenderme
de tanta belleza.
Mi corazón no pudo más.
Silvana amada,
no quería que te fueras.
Me habría quedado aquí para siempre,
viendo tus manos salvar vidas pequeñas,
escuchando tu voz suave en las noches,
aprendiendo a amar el mundo
solo porque tú estabas en él.
Pero la vida nos arrancó así,
sin preguntarnos nada,
sin misericordia.
Y ahora lloro.
Porque en alguna parte
seguirás abrazando criaturas asustadas,
seguirás iluminando habitaciones,
seguirás salvando almas.
Y yo ya no podré estar allí
para verte.
Raúl Hidalgo N. 2022
Comentarios
Publicar un comentario