Carta imposible

Quisiera que pudieras sentir

lo que yo sentí allá arriba,

en la altura blanca de la cordillera,

donde el mundo parece abrirse

en silencio

hasta donde alcanzan los ojos.

El viento escarchado en la cara,

el aire difícil entrando al pecho,

los valles cubiertos de nieve,

y las lagunas inmóviles en aquella altura,

a veces selladas por el hielo,

como espejos antiguos

donde el cielo parecía quedarse,

como si alguien hubiera tendido

una luz tranquila

sobre la tierra.

No he visto cuadros más hermosos

que esos paisajes de otro mundo,

ni una belleza tan grande

que me hiciera sentir tan pequeño

y tan vivo al mismo tiempo.

Quisiera que hubieras visto

al zorro acercarse sin miedo,

como si también él

quisiera compartir aquel instante.

Las vicuñas corriendo libres

sobre la llanura inmensa,

los burros asilvestrados

deteniéndonos el camino

con esa nobleza simple

de los seres que no saben

lo hermosos que son.

Fui feliz,  plenamente feliz allá arriba,

y lo soy cada vez que vuelvo.

Se que tú también lo habrías sido.

Pero la muerte llegó antes,

hace años,

antes de que pudiera regalarte

ese instante.

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