Alma sin borde,
apenas sostenida.
No aprendió a quedarse
cuando la hieren.
Tampoco a devolver el golpe.
Se va—
como si el silencio
fuera una forma de dignidad.
Nadie le enseñó
esa palabra.
La inventa
con restos,
con sombras,
con lo que sobrevive.
Bajó—sí—
más de una vez
a ese lugar sin nombre.
Y volvió.
Siempre volvió
con algo roto
encendido en la piel.
No sabe odiar.
No sabe mentir.
No sabe quedarse
donde la oscuridad
quiere hacerlo suyo.
Solo sabe irse.
Y en esa huida,
extrañamente,
vive.
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