Mi padre y su nieto.
Qué imagen más bella.
Mi sobrino moja sus pies en el arroyo
y mi padre permanece junto a él,
cuidándolo con tanto amor,
preocupado de que sus piecitos
no se enfríen.
Quizás no muchos entenderán
lo que siente mi alma al mirarlos,
ni cuánto pueden amarse
esos dos seres.
Mi sobrino mueve sus pequeños pies en el agua
y mi padre lo contempla
con una ternura que pocas veces le he visto.
¿Por qué estos momentos
deben ser tan fugaces?
Quisiera inmortalizar este instante,
guardarlo intacto,
no tener que entender
que todo cuanto amamos es efímero.
Sé que dentro de algunos años
extrañaré este preciso momento:
el agua corriendo,
los pies pequeños de mi sobrino,
y mi padre a su lado, cuidándolo.
No sé si mi padre
alguna vez fue realmente feliz.
Pero llegó su nieto
y algo cambió profundamente en él.
Mi sobrino encontró en su abuelo
a su mejor amigo,
a su compañero.
Padre, estás viejo ya.
Y no sé cuánto más
la existencia me permitirá verte así.
Sobrino,
sé que la imagen de tu abuelo amoroso
vivirá siempre en ti.
Ojalá este pequeño instante de felicidad
no tuviera que terminar.
Ojalá el agua pudiera detenerse.
Ojalá este momento fuera eterno.
Ojalá mi padre fuera eterno.
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