Lo que jamás conoció de mi

 Ella conoció

mis palabras cotidianas,

mis bromas,

mis silencios prudentes.

Conoció al hombre

que se presenta ante el mundo con cierta compostura,

el que aprende a caminar entre otros

con las máscaras necesarias

para no mostrar demasiado.

Pero nunca conoció

al que regresaba a casa

y abría un libro

para sentirse menos solo.

Nunca supo

de las noches acompañadas por Kafka,

de los versos de Pizarnik

que parecían escritos

para heridas antiguas.

Nunca vio

las páginas llenas de poemas

que nadie leería,

ni supo cuánto me gustaba escribir,

cómo algunas palabras

me hacían más compañía

que muchas personas.

Y tampoco supo

que más de una vez

su recuerdo terminó escondido

entre líneas

que jamás le envié.

Comentarios