Quédate conmigo este día.
Déjame oír tu pecho, tu corazón despierto debajo de la noche.
No sabemos si mañana tendrá piedad de nosotros, si el tiempo volverá a regalarnos esta hora.
Ámame hoy, sin miedo, sin medida.
Mis labios en tu cuello, tu cuerpo junto al mío, tu voz quebrándose entre mi nombre y el silencio.
Y déjame descender, despacio, hasta ese lugar secreto donde tu cuerpo tiembla.
Déjame amarte con mi boca, quedarme allí, sin prisa, escuchando cómo cambia tu respiración, cómo tus manos buscan dónde aferrarse, cómo el placer te vence poco a poco.
No hay dicha más grande para mí que sentirte estremecer así, saber que mi boca puede llevarte lejos, que por unos instantes no existe nada fuera de tu cuerpo y el mío.
Estos labios que amas son tuyos.
Que recorran tu piel, que beban de tu temblor, que aprendan de memoria cada sitio donde nace tu alegría.
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