La ciudad queda lejos

 

Corazón aventurero,
tú que aprendiste nombres
bajo cielos distintos,
que viste mujeres pasar
como lámparas encendidas
al borde de los caminos,

sabes que sólo hubo una
por cuya risa habrías cruzado
la noche y cordilleras,
hasta aquella ciudad lejana
donde otro viento
pronunciaba su nombre.

¿Qué casa buscabas
detrás de aquella risa?
¿Qué puerta secreta
te abrió su presencia
para que toda tu sangre
quisiera caminar hacia ella?

Alguna fibra tocó,
algún pájaro dormido
bajo tus costillas,
porque entre tantos rostros
sólo el suyo
te hizo pensar en regresar.

Pero ya no volverías.

No se cruza dos veces
el mismo río de espinas.

Corazón aventurero,
tu ternura no merece cuchillos
cuando se muestra desnuda,
ni tus latidos deben mendigar
un sitio junto a quien
no escucha siquiera su sonido.

Que la ciudad quede lejos.
Que su risa duerma donde quiera.

Tú sigue andando.

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