La luna antes del silencio

 

Amanece
con un cuchillo de leche
clavado en los párpados.

La muerte,
yegua negra,
bebe despacio
en el pozo de las horas.

Sé que un día
la voz de mis padres
será campana enterrada,
y sus manos,
dos pájaros fríos
bajo la tierra.

A veces la noche
me ofrece su boca
para no llegar hasta allí.

Pero la cordillera
arde azul en mis ojos,
los caminos silban
con lengua de viento,
y hay rostros desconocidos
madurando lejos.

¿Para qué cerrar la sangre
antes de que calle sola?

Quizá vivir
sea llevar una luna rota
dentro del pecho
y aun así
seguir oyendo
cómo el mundo
nos llama desde la piedra.

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